2. El discurso

Una vez se cuenta con la información obtenida durante la etapa previa de investigación, esta debe traducirse en el discurso que el orador va a pronunciar. El núcleo central del discurso será la idea que se pretende transmitir, a la que habrá que dar forma de modo que atraiga, interese y convenza. Se trata de saber cómo decir lo que se quiere decir. Para organizar bien un discurso e ir al núcleo de la cuestión ya elaboré un documento que debe andar por alguna parte.

A partir de ahora, cuando hable de discurso me voy a referir al conjunto de todas las intervenciones que realizará un equipo.

Un buen discurso tendrá las siguientes características:

  • Agilidad: frases cortas, que son más fáciles de pronunciar y entonar por parte del orador, y sobre todo, de recordar por el público. Hay que tener cuidado, sin embargo, para no caer en lenguaje telegráfico.
  • Que exprese mensajes veraces, concretos, relevantes y sin ambigüedades. En otro foro más cínico quizá habría omitido la necesidad de veracidad, pero en este creo que es importante tenerla en cuenta.
  • Adecuación (tanto en el fondo como en la forma):
    • a la audiencia (cantidad y características). El discurso siempre debe redactarse desde el punto de vista de quien lo va a escuchar. Los aspectos fundamentales son el nivel cultural, grado de conocimiento del tema, sus inclinaciones personales con respecto al tema, etc. Aunque el orador conozca en profundidad la materia, no debe dar ningún dato por sabido. No será incorrecta la utilización de tecnicismos, siempre y cuando se acompañen de una explicación acerca de su significado para asegurar su comprensión por parte de todos los oyentes.
    • al lugar en que se pronuncie el discurso (dimensiones, materiales, características…).
    • al tiempo.
    • a las características del propio orador.
  • Corrección. En dos sentidos. Por un lado, corrección “técnica”, es decir, semántica, morfológica y sintácticamente. Por otro, el discurso debe pronunciarse siempre con educación y respeto hacia todos los interlocutores, jurado y público.
  • Flexibilidad. El discurso debe estar preparado de antemano, pero a la hora de exponerlo debe tenerse un alto grado de flexibilidad con respecto al texto, ya que:
    • incluso el lenguaje escrito más dinámico resulta poco natural cuando se traslada literalmente a palabra hablada. El orador debe hacer suyas las palabras que ha preparado, y demostrar que está firmemente convencido de sus afirmaciones.
    • durante el debate pueden haber surgido aspectos interesantes relacionados con el contenido de la exposición que deben ser respondidos. Se trata de tener agilidad mental y capacidad de improvisación para adaptar las intervenciones al curso del debate.

Para asegurar un equilibrio entre la preparación y la espontaneidad, el orador puede preparar un archivo o fichero con bloques de argumentos, que le servirán como complemento a sus exposiciones. Cada bloque tendrá un título, y contendrá todas las evidencias (ejemplos, citas, datos, etc.) que respalden el mismo argumento genérico. La organización de los argumentos es fundamental a la hora de emplearlos.

ESTRUCTURA

Realizar exposiciones ordenadas ayuda al jurado a seguir la línea de pensamiento del equipo. Podemos distinguir entre:

  • Estructura del discurso: orden lógico de las ideas a exponer. El criterio de ordenación puede ser muy diverso en función de la estrategia adoptada, pero el conjunto debe presentar coherencia (exponiendo, por ejemplo, causas antes que efectos). El objetivo es facilitar la comprensión por parte de aquellos que lo escuchan y tienen que valorarlo.
  • Estructura interna de cada intervención: introducción, cuerpo y conclusión. Se trata de una estructura base para todas las intervenciones, sea cual sea el turno en el que se encuentre el orador.

LENGUAJE

Un buen orador utiliza un lenguaje correcto y un vocabulario amplio para dar a sus ideas una forma elegante y efectiva. Algunos de los aspectos que debe cuidar son:

  • Corrección sintáctica y morfológica en la composición de las oraciones.
  • Corrección semántica (utilización de la palabra precisa para la idea que quiere expresar)
  • Riqueza de vocabulario (huyendo de palabras pretenciosas). Se trata de disponer de palabras adecuadas en todo momento. Es útil:
    • El conocimiento y la utilización de sinónimos y antónimos (leyendo, por ejemplo).
    • Trabajar sistemáticamente en la ampliación de vocabulario (leyendo, por ejemplo).
  • Intentar evitar el uso de palabras excesivamente técnicas, vocablos extranjeros… que puedan no ser comprendidos por el público.

Además de una exposición correcta, un orador que pretenda convencer debe asegurarse de que es escuchado. Un buen discurso debe ser dinámico, ameno (divertido cuando la ocasión lo permita) y atrayente, que despierte y mantenga el interés de la audiencia y la involucre en la causa que se está defendiendo. Para ello puede servirse de distintas técnicas:

  • Utilización de imágenes, figuras literarias y recursos estilísticos. Adornan el discurso y lo hacen más gráfico. Algunos de ellos (metáforas, símiles, refranes, etc.) forman parte del lenguaje cotidiano, de modo que en ocasiones son utilizados sin tener consciencia de ello.
  • Utilización del humor; para escapar de situaciones de tensión, romper el ritmo en un momento determinado, ganarse el favor de la audiencia, etc.

No obstante, ya sabéis que, para mí, una palabra vale más que mil imágenes, de ahí que no os pida que utilicéis presentaciones informáticas ni nada por el estilo. Vuestro cuerpo y vuestro discurso deben ser elocuentes por sí mismos.

ASPECTOS FORMALES

Cada persona tiene una manera diferente de hablar, y es importante que cada orador imprima su sello personal en sus intervenciones. Sin embargo, hay requisitos que deben cumplirse en todo caso:

  • Correcta y clara pronunciación. No se puede pedir a la audiencia un doble esfuerzo: por un lado comprender las ideas que subyacen en el discurso y por otro, entender las palabras que salen de boca del orador. El primero es inevitable, pero es requisito imprescindible de un buen orador tener una pronunciación clara y precisa, para facilitar una comprensión inmediata. Vocalizar.Es importante que la pronunciación no sea forzada, ya que se perdería naturalidad. Como toda capacidad, la pronunciación puede entrenarse. Existen diversas prácticas que permiten mejorar la dicción. Algunas de ellas, que vienen de los tiempos de Cicerón, son:
    • Leer en voz alta a diferentes velocidades
    • Hablar o pronunciar un discurso con un bolígrafo o similar entre los labios.
    • Hablar en voz alta tomando conciencia del movimiento y posición de los labios y la lengua al pronunciar las diferentes sílabas.
    • Practicar con trabalenguas populares.
  • Velocidad del discurso. Tiene relación directa con el apartado anterior, ya que si un orador habla demasiado deprisa, no será capaz de terminar las palabras y oraciones, y su pronunciación será deficiente. Por otra parte, si la audiencia tiene que realizar un gran esfuerzo para seguir al orador, acabará cansándose y dejará de escucharle. Si el discurso es demasiado lento, los oyentes se aburrirán y el resultado final será el mismo, dejarán de escucharle.Hay que procurar adaptar la velocidad al momento del discurso, y sobre todo, al tema a tratar. Temas profundos, que deban ser tratados con especial seriedad o que requieran un esfuerzo de comprensión por parte de la audiencia siempre conllevarán un discurso más lento que las anécdotas o los temas superficiales.
  • Pausas. Todo orador necesita introducir en su exposición pequeñas pausas para respirar y regular su entonación. Este tipo de pausas son en lenguaje hablado el equivalente de los signos de puntuación en el lenguaje escrito, y son necesarias para que el orador no se quede sin aire, para separar ideas, etc.Durante una exposición prolongada, es recomendable hacer pausas cada cierto tiempo para beber agua, con el fin de limpiar las cuerdas vocales y así evitar el cansancio de la voz. De lo contrario se puede producir ronquera y dolor de garganta.Existe otro tipo de pausas, de duración algo mayor, cuya función es esencialmente psicológica. Mediante ellas el orador puede perseguir distintos fines:
    • crear una expectativa o conseguir el silencio del auditorio antes de iniciar el discurso
    • separar partes diferenciadas de la exposición
    • llamar la atención sobre un dato importante después de haberlo enunciado
    • hacer reflexionar al público sobre una pregunta hipotética o afirmación realizada antes de continuar con su exposición

Es importante para un orador saber introducir un silencio en los momentos clave de la exposición, esto es el silencio retórico. Una pausa oportuna es muestra de dominio de la situación y ausencia de nervios. Siempre hay que tener en cuenta que los silencios también comunican, por lo que la actitud durante ellos es muy importante: movimientos pausados, respiración controlada, mirada al auditorio, etc.

  • Modulación correcta de la voz. Se trata de dar la entonación y el volumen apropiados para cada parte del discurso, con el fin de dar énfasis a los datos importantes, recuperar la atención de la audiencia mediante cambios bruscos de volumen (aumentándolo o bajándolo), etc.Cada orador debe trabajar para ser capaz de aumentar el volumen sin resultar estridente y bajarlo manteniendo la firmeza. Se debe huir de exposiciones lineales que resultan monótonas y acaban distrayendo la atención de la audiencia.Por otro lado, el volumen medio de la voz debe ser tal que todo el auditorio pueda escuchar las exposiciones sin esfuerzo (hay, por tanto, que hablar para aquellos situados en las últimas filas). Además, hay que considerar que el volumen apropiado no será el mismo en una sala llena que vacía, en una sala alfombrada que con suelo y paredes de madera, ya que en los primeros casos el sonido es absorbido, mientras que en los segundos no.
  • Timbre de voz. Cada orador debe conocer su timbre de voz, y realizar esfuerzos por corregir posibles deficiencias (voz excesivamente grave o aguda, nasal o gutural). Nadie oye su propia voz tal y como les suena a los demás, por lo que es importante realizar ensayos ante otras personas y grabaciones a partir de las cuales analizar los aspectos que es preciso mejorar.Tener una voz agradable resulta de gran ayuda para todo orador, ya que será lo primero que perciba el público una vez comience el discurso, y contribuirá a mantener la atención durante éste, pero como no todos la tenemos, quizá haya que conformarse con lo que nos ha tocado, trabajando para compensar si nuestra voz no es adecuada.
  • Evitar las muletillas. Hay que prestar atención en cómo se empiezan las frases, eliminando los “humm”, “eeh”, “bueno”, etc. Durante la exposición debe evitarse la repetición de expresiones como “es decir”, “por supuesto”, “o sea”. Las muletillas tienen un efecto cacofónico y el público se distrae, acabando por estar más pendiente de contar las veces que un orador pronuncia una palabra determinada que de escuchar el contenido de sus mensajes.

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